El caso Gürtel pega con fuerza. Cada día hay un nuevo implicado, un nuevo choriceo que sale a la luz. No está solo, a rueda viene la Operación Pretoria en Santa Coloma. En el primero se desmonta toda una red de corrupción en el seno del PP, el segundo saca a la luz los trapicheos del PSOE catalán. Los mismos perros con distintos collares.
Ningún político profesional está a salvo de esta lacra que, lejos de remitir, cada día va a más. La punta del iceberg está empezando a vislumbrarse pero lo peor está por llegar. La pregunta que debemos hacernos es, ¿cómo hemos podido llegar a esta situación?
Sin duda la pérdida de valores de la que hace gala esta sociedad ha influido de forma determinante, pero no es el único factor a considerar.
Desideologizados, los políticos que dirigen nuestras vidas miran más por su beneficio personal que por el de unas ideas que desconocen. Alberto Mortera, en su día concejal socialista en el Ayuntamiento de Oviedo, y ahora en las filas del Partido Popular, afirmó sin ruborizarse lo más mínimo que las ideologías han desaparecido, carecen de importancia. Si las ideas han sido enterradas, ¿qué nos queda? Nada más que el sucio y rastrero interés.
La duda que rodea al ciudadano de a pie es evidente, ¿por qué PPSOE si y DN no? ¿Qué motivos tengo para no pensar que todas las personas que llegan al poder acaban corroídas por la corrupción?
Una exposición sobre la sinceridad y honradez de nuestros planteamientos en búsqueda del bien común no estaría de más, pero no sería un elemento objetivo para justificarnos.
La explicación más sencilla viene a raíz de la comparativa entre el beneficio obtenido y el riesgo vivido.
Los militantes y dirigentes de Democracia Nacional sacrifican todo cuanto tienen, sus vidas, por cambiar el destino de su pueblo. Y nadie cambia su vida por cuatro perronas, ni por cuatrocientas.
Siendo justos, esa misma situación ha podido darse en la primera hornada de políticos de la transición, sería faltar a la verdad no reconocer que muchos militantes del PSOE o del PCE que habían sacrificado su libertad por un cambio ideológico, eran honrados hasta la médula. Y en base a esta explicación se puede entender porque los casos de corrupción en el PPSOE son mucho más escasos en zonas conflictivas como el País Vasco. Por supuesto, también abundaban los oportunistas, en un momento histórico donde los cambios que estaban por llegar eran más que predecibles.
Pero no quedan más que residuos de aquella época y esa pequeña y vieja hornada de luchadores políticos ha sido sustituidos por las Bibiana Aido y Leire Pajín de turno. Incompetentes sin ningún tipo de formación personal o académica, que de no ser por el terreno de la política engrosarían las filas del paro. ¿Riesgo? Cero. ¿Beneficio? El máximo. La política ha dejado de ser un campo poblado por personas honradas que sacrificaban su bienestar en busca del bien de su comunidad, estos han sido sustituidos por un atajo de buitres carroñeros que han encontrado en la política una profesión muy atractiva, donde solo prima el egoísmo y el interés personal.
Como siempre, en el resto de Europa está el ejemplo. No se conocen casos de corrupción en ningún concejal nacionalista en lo ancho y alto de nuestra vieja Europa. Y la presencia de las fuerzas políticas identitarias en las instituciones municipales se vuelve cada vez más fuerte en la gran mayoría de países de Occidente.
Hace falta un cambio, un aliento en su nuca. Si ese cambio no aparece, el pueblo español está condenado a ver estos sucesos repetirse con cada vez más frecuencia. Y yo lo siento por los buitres que se han acomodado en el poder, pero España no está en venta.
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