El siglo XXI ha traído consigo el auge de un nuevo movimiento político. Etiquetados como populistas, decenas de partidos políticos que hacen de la lucha contra la inmigración masiva su caballo de batalla cogen cada día más protagonismo y comienzan a ocupar los asientos de los parlamentos de toda Europa.
Los analistas políticos no pueden permanecer indiferentes ante dicho fenómeno y la profesora noruega de Ciencias Políticas posicionada ideológicamente próxima al liberalismo, Elisabeth Ivarsflaten, ha realizado un interesante estudio al respecto.
El estudio pretende dar respuesta a una pregunta habitual en todos los nacionalistas españoles. ¿Por qué existen partidos identitarios que han alcanzado elevadas cotas de poder y sin embargo otros que no han conseguido abandonar la marginalidad?
El estudio que tiene por nombre Escudos de reputación: porque la mayoría de los partidos anti-inmigración no han triunfado en Europa 1980-2005 basa sus conclusiones en el análisis de 41 partidos políticos europeos del área identitaria, de los cuales sólo 7 han alcanzado un éxito notable hasta la fecha.
Es un hecho comunmente aceptado que décadas de gobiernos liberales han traido consigo una sensibilización especial (o quizás deberíamos de llamarlo mejor lavado de cerebro) al respecto de los temas que tienen que ver con raza e inmigración, creado una fuerte corriente de opinión contraria al racismo en los países occidentales.
La mezcla de persecución legal e intimidación social ha provocado que en multitud de países multiétnicos sea muy complicado que partidos políticos con un mensaje contrario a la multiculturalidad puedan movilizar al electorado. Sin embargo, en condiciones aparentemente similares, partidos como el Vlaams Belang flamenco o el FPÖ austriaco han obtenido importantes éxitos electorales. ¿Cómo es posible? ¿Qué explicación existe para que en la zona flamenca de Bélgica haya triunfado ampliamente un partido identitario como el Vlaams Belang mientras que en la zona valona el Frente Nacional no haya conseguido abandonar la marginalidad?
La respuesta, de acuerdo al estudio de Ivarsflaten, reside en el fenómeno de los escudos de reputación. Los partidos que han obtenido un éxito notable poseen un escudo de reputación, mientras que los que no lo han hecho no.
Esta teoría se basa en el aspecto de que los principios anti-racistas han sido inculcados de manera tan fuerte en la población europea que un partido político que únicamente es conocido por su mensaje anti-inmigración es fácilmente etiquetable e igualmente es improbable que obtenga un éxito electoral.

Los partidos políticos que han conseguido despegar son partidos que han sido identificados en un primer momento por el electorado con otra idea-fuerza y que posteriormente han adoptado posturas contrarias a la inmigración masiva.
Tan sólo el Frente Nacional francés de Le Pen ha conseguido un éxito notable en base únicamente a su posicionamiento contrario a la inmigración masiva. Esta circunstancia tiene su explicación en el descontrol caótico y absoluto sucedido en la regulación de la inmigración que ha caracterizado a Francia durante las últimas décadas.
Por contra, el resto de partidos políticos identitarios que han conseguido triunfar en Europa se caracterizan por haberse dado a conocer al electorado por sus posiciones en torno a otra temática. Así, tanto el partido del pueblo danés, como el FPÖ austríaco o el partido del progreso noruego, se han dado a conocer, inicialmente, por sus reivindicaciones contrarias a los fuertes impuestos a los que es sometida la población de sus respectivos países. En una situación similar se encuentra el partido del pueblo suizo, conocido por su defensa de la agricultura y el mundo agrario. Y finalmente, la Lega Nord y el Vlaams Belang flamenco cierran el minoritario grupo de partidos que han abandonado la marginalidad, conocidos por sus posturas regionalistas y separatistas.
La etiqueta de racistas persigue a todos aquellos partidos que no poseen un escudo reputacional. Y no es una etiqueta fácil de eliminar. Es significativo mencionar los enormes esfuerzos que ha llevado a cabo el FN francés en ese aspecto, presentando multitud de candidatos no-blancos e incluyéndolos en su propaganda.

La continua maquinaria propagandística liberal ha hecho prácticamente inevitable que la mayoría de la población asocie posturas anti-inmigración con el racismo. Esto supone un gran obstáculo para aquellos partidos identitarios que, lejos de apoyar posturas racistas, se oponen a la inmigración masiva por cuestiones socio-económicas y culturales. La pregunta es clara, ¿cómo quitarnos esa losa de encima?
Si observamos el caso español, Democracia Nacional no ha escatimado esfuerzos en dejar claro que su oposición a la inmigración masiva no está basada en posturas racistas. Se cuentan por centenares las veces en que los dirigentes de DN han insistido en este aspecto en prensa y televisión. Nuestra propaganda online o impresa no sólo no se ha quedado atrás en este aspecto sino que ha denunciado en repetidas ocasiones el único racismo presente en España: el racismo anti-español que llevan a cabo las autoridades.
En vista de lo expuesto, está claro que ésto no es suficiente para frenar la corriente de opinión creada por los mass media. Es dificil averiguar cuanto aumenta o disminuye el porcentaje de éxito de un partido político identitario en función de la presencia o no de un escudo reputacional. Pero no es discutible que posee una influencia importante. Y no nos sobran las armas en esta guerra.
Sin embargo, crear un escudo de reputación no es nada fácil. No basta con eleguir una de las múltiples propuestas del partido y potenciar su difusión.
En primer lugar, porque la evidencia demuestra que ningún partido político, ni siquiera los mayoritarios, logran introducir en el subconsciente de la población más de dos o tres ideas-fuerza. Quien mucho abarca, poco aprieta.
Y en segundo lugar, porque sin la ayuda de los medios de comunicación es completamente imposible. Si la capacidad propagandística de nuestro partido fuera lo suficientemente grande como para contrarrestar la corriente de opinión de los mass-media, no sería necesario crear ningún escudo de reputación, pues ésta estaría más que cuidada. Y por todos es sabido que los medios de comunicación sólo otorgan cierto margen a nuestras posiciones anti-inmigración, por lo innovadoras y llamativas que son y la polémica que generan. Ningún medio de comunicación identificaría a DN como un partido preocupado por la justicia social o como alternativa a la crisis económica, por poner dos ejemplos cualesquiera.
Llegados a este punto, ¿qué camino debemos seguir? La situación en la que estamos nos obliga a adoptar una estrategia encaminada en dos direcciones:
La primera. Es vital seguir machacando de forma continuada en la denuncia del racismo anti-español. La percepción que los ciudadanos tienen que tener de Democracia Nacional es la de un partido político que se pone del lado de la población autóctona contra la injusticia que supone sufrir el racismo en su propia tierra. No discrimina a los que vienen de fuera, defiende a los que están dentro.
La segunda. El único escudo que puede proteger la reputación de Democracia Nacional reside en la labor local/municipal. Una buena gestión de los municipios es sin duda la herramienta clave para quitarnos de encima la falsa etiqueta de racistas.
La clave consiste en hacer ver a nuestros vecinos, ya sea desde las instituciones locales o desde fuera de las mismas, que estamos interesados en mejorar las condiciones de vida de los que nos rodean. Nuestra labor se desarrolla mano a mano con los vecinos, denunciando sus problemas cotidianos y ofreciendo soluciones a los mismos.
En todos los municipios existen multitud de problemas que se pueden arreglar con un poco de esfuerzo y dedicación por parte de las instituciones, si por la dejadez de los políticos en el poder esos problemas permanecen sin arreglo, debemos de ser nosotros los que tomemos la iniciativa. ¿Con qué credibilidad esos políticos van a descalificarnos delante de uno de esos vecinos a los que han dejado tirados y nosotros hemos ayudado?
Sólo hace falta un poco de sacrificio por nuestra parte. La sensación que cundirá entre nuestros vecinos es que nuestras posturas políticas no están basadas en nuestros intereses sino en la búsqueda del bien común. Una búsqueda del bien común que choca directamente con la absurda teoría de que nos mueven intereses racistas, una búsqueda del bien común que ha sido demostrada con hechos, no con palabras. Partidos como el British National Party han actuado de esta manera y en base a un trabajo continuo han obtenido resultados brillantes. El último de ellos, la entrada de dos de sus miembros en el Parlamento Europeo.
Es un camino duro, desde luego. Hay que trabajar uno a uno cada municipio, y España tiene más de 8000. Pero nunca debemos desestimar la fuerza del boca a boca, si el ejemplo cunde, se propagará con más facilidad de la que el fuego lo hace por la gasolina.
Se acercan épocas difíciles donde nuestros convecinos tendrán muchos problemas a los que hacer frente. Si estamos ahí para ayudarlos, si actuamos con hechos en lugar de con palabras, habremos creado un escudo capaz de repeler cualquier acusación. Manos a la obra.